13-reasons-why

Hace unos días terminamos de ver los capítulos de 13 Reasons Why, es una serie dirigida al público adolescente y hubo muchas críticas de gente que la odió y que le vió muchas incongruencias, pues olvidaron que obviamente es una serie escrita para vender y atraer audiencia, no un documental que pretenda dar enseñanzas sobre los temas que toca, viéndola desde ese punto de vista como producto para teenagers me parece que es buena y entretenida, te atrapa desde los primeros capítulos y odias al protagonista Clay Jensen por no querer escuchar los cassettes de una sola vez.

A mí me hizo pensar mucho en aquellos años escolares, cuando eres adolescente y tu mundo gira en ese microuniverso que es la escuela, las amistades, la forma en que te relacionas con los demás y que a esa edad con apenas 13 años o menos de experiencia para muchos no es fácil encajar en ese mundo y uno no se da cuenta de qué es lo que está pasando en la cabeza de los demás. Me acordé de algunos anécdotas de bullying en los que tuve que ver.

Aprendí a no ser bully

Cuando estaba en sexto grado la primaria estaba a unas 5 cuadras de la secundaria, había muchos niños que teníamos hermanos en la secundaria, entonces a la salida caminábamos hacia la secundaria para encontrarnos con nuestros hermanos mayores para que los papás pasarán por todos juntos,  yo acompañaba a 2 amigos aunque sí tenía un hermano en la secundaria, vivíamos cerca y no pasaban por nosotros, yo iba nada más para echar relajo y acompañar a mis amigos, a principios de curso en el camino había un chavo que nos seguía, un morenillo que era muy callado de 5º grado, nosotros no nos llevábamos con algunos de ese grado, como en todas las escuelas siempre hay rivalidad con otros grupos, pero ese niño era nuevo, supongo que él iba también a encontrarse con algún hermano y nos seguía para no caminar solo. Un viernes a la salida él iba de nuevo detrás y yo jugando me regresé y le pregunté “¿por qué nos sigues?“, el wey se quedó callado, cuando eres niño eres brusco y nosotros nos la vivíamos jugando luchitas, dándonos karatazos, patadas, caballazos, etc. sólo que no te das cuenta que hay otros niños que no son así, entonces como no me contestó le di una cachetada, no se la di duro y él era mucho más alto que yo, pero yo iba acompañado de 2 amigos, yo me reí, nos dimos vuelta y seguimos nuestro camino sin acordarnos del asunto, el lunes llegando a la escuela la mamá de una compañera del salón se llevaba con la directora entonces el fin de semana le preguntaron por nosotros y ella que se enteró de todo nos dijo “¿que le pegaron al sobrino de la directora?” yo ni me acordaba pero al decirnos eso supimos que ya había valido madres, nos mandaron llamar a los tres a la dirección y ahí estaba el niño junto con su papá, yo me sentí terrible y no por el castigo que nos darían sino por mis amigos que no tuvieron nada que ver, uno de ellos era el abanderado de la escolta y estaba ahí embarrado por mi acción, el papá estaba encabronadísimo, decía que éramos unos abusivos y nos aprovechamos de su inocente hijito, recuerdo que le preguntó a su hijo “¿quién te cacheteó?” y el niño contestó “el chiquito” entonces el papá se quedó callado de coraje y la directora dijo “es que el chiquito se aprovecha porque los grandes lo defienden” y luego el papá me acuerdo que me dijo “qué te parecería si yo te pego a tí” y nos quedamos con cara de WTF. No castigaron a nadie porque solo yo fui el agresor y el wey era mucho más grande que yo, supongo que era más vergonzoso para el niño, pero la directora me hizo la vida imposible lo que restó del año, en juntas de padres les decía a los papás de mis amigos que yo era una mala influencia y que no deberían ni invitarme a comer, recuerdo que mi amigo abanderado sí me dijo “mis papas no quieren que me junte contigo” aunque al cabo de un par de semanas se nos olvidó y seguimos normal. Un día en el recreo me encontré al niño y le pedí disculpas, le dí la mano, recuerdo muy bien que ningún adulto me ordenó que lo hiciera, lo hice porque sí me sentí fatal de haber sido bully.

Ser un espectador más

Cuando pasé a 1º de secundaria me cambiaron de escuela, ahora yo era el nuevo y no conocía a nadie, nunca olvidaré el primer día antes de que empezaran las clases, estar sentado en el patio junto con mi hermano y ver a los demás niños jugar y tener ese miedo de “qué pedo, nadie nos habla, ¿qué hago aquí?” afortunadamente a los 2 o 3 días ya tenía amigos, el ambiente en esa escuela que era religiosa era pesado, los grupos eran muy numerosos y la monjas tenían muchas reglas y restricciones (como ya mencione en otro relato) generando un semillero de bullys, rápidamente tenías que pertenecer a un grupo para protegerte, entonces había un niño flaco, moreno, no muy alto, no recuerdo su nombre, era muy amanerado, tenía expresiones y movimientos de niña, los primeros días en clase de educación física todos lo notaron, corría con una delicadeza alzando las manos como si fuera a tropezarse, le tenía miedo a los balones cuando se los lanzaban, se ganó el apodo de “el manis” y todos le hacían burla “aaay maniis” también las niñas lo bulleaban, nunca fue mi amigo, pero antes de que fuera objeto de burlas si llegué a platicar con él y cruelmente debo decir que cuando fue tachado de marica y bulleado, yo deje de hablarle, aunque yo no participaba en el bullying, tampoco hacía nada y yo sentía que no había mucho que pudiera hacer, siempre fui el mas chaparro del salón, defenderlo significaba ser jalado y calificado como amigo del bulleado que también puede bullearse, recuerdo que le pegaban hojas en la espalda de “pateame” le aventaban su mochila al bote de basura, le daban balonazos, le daban zapes diciéndole “por joto” y cosas por el estilo, la secundaria es un lugar duro, yo de repente me topaba con ojetes que me metían el pie cuando corría, me caía y raspaba, volteaba a ver y era un cabrón que me sacaba casi medio metro de estatura, o en el recreo te decían dame tus palomitas o te madreo, pero eran raras ocasiones, supongo que yo sabía mezclarme entre los demás y no me agarraban de puerquito como a otros, cuando pasamos a 2º año el manis se cambió de escuela y no lo volvimos a ver, desde entonces todavía pienso en lo horrible que debió haber sido ese año que pasó en 1º de secundaria, y lo sólo que debió sentirse ese niño y me pregunto qué será de él ahora.

La niña Carrie

Cuando pase a la preparatoria, también era una jungla, recuerdo que había un par de pendejos que llevaban pistolas a la escuela nada más para presumir, afortunadamente no pasó ningún accidente.
Había una chava del salón que era muy reservada y seria, algunas otras niñas y weyes la tachaban de ñoña, cortada (que no convive con los demás) y cosas así, cuando pasamos a 2º ella tenía una hermana menor que recién entraba a 1º, en esa prepa la tradición era darles una novatada a los de primero echándoles huevos y lodo a la hora de la salida, segundo y tercer año se ponían de acuerdo para el día fechado, cuando se armó el comité esta chava obvio no quiso participar, no era la única que tenía hermanos o conocidos en primer año pero sucedió que algún soplón corrió la voz del día pactado entre los de primero, ese día se volaron las clases antes de la salida y se escaparon, entonces algún chismoso dijo “fue fulanita que le avisó a su hermana” la verdad nunca supimos quién fué el topo, entonces se organizó otra fecha para la novatada.
Llegó el día y los de primero iban saliendo de la escuela para ser hueveados, algunos en bolita, otros solos, entonces iban a salir las 2 hermanas y las recogería la mamá en su auto, el coche se acercó a la entrada de la escuela, la doña pensó que al verla no le harían daño a sus hijitas, entonces sale la hermana menor y le cae una lluvia de huevos y lodo a ella, al coche, a la mamá; la doña cierra ventanas al ver el ataque, acto seguido sale la hermana mayor muy confiada porque no es de primero y se escucha un grito “ella fue la que rajó” e inicia el ataque de huevazos con una puntería perfecta, recuerdo a la chica detenerse, con el cabello batido en yemas de huevo y lodo gritar con lágrimas “ay van a ver” y subirse al coche, la mamá se bajó y comenzó a gritar que éramos unos delincuentes y que iba a llamar a la policía, aceleró el coche y se fueron, 20 minutos después efectivamente llegaron las patrullas, alguien gritó “no corran porque si no sale peor” pero cuando terminaron la frase media escuela ya estaba huyendo entre las calles, yo me trepé con mis amigos una barda de un terreno baldío y vimos como los polis agarraban a los que veían más greñudos y punks, “esos tienen cara de malandrines” decían los polis y pues la novatada terminó.
Días después la chava era la apestada, nadie le hablaba y todos le hacían el feo, cuando ella caminaba por los pasillos todos murmuraban “es la rajona que huevearon” y tonterías así, en una ocasión la psicóloga de la escuela que se enteró, nos dió una plática a todo el grupo, explicando que la chava no fue la que rajó, que había sido un malentendido pero de nada sirvió, nadie le creyó.
Ella no fué mi gran amiga pero yo sí le hablaba y platicaba con ella desde 1er semestre, era buena onda, a mí y algunos pocos no nos importó y le seguíamos hablando, recuerdo algunas veces que me veían platicando con ella y me hacían burla “jaja platicabas con tu novia” pero yo ya había aprendido la lección y me valía madres.

Existen más personas que recuerdo que bulleaban, pero ellos son los que más me hicieron pensar y meditar al respecto, afortunadamente ninguno fue un caso tan extremo como en la serie pero ese ejemplo que nos pusieron en 13 Reasons Why yo lo veo como algo que sí viví, no en carne propia pero sí como espectador y algo que se debería de corregir.

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